Comida para perros

Salí de mi pueblo con esperanza. Por aquél entonces pensaba que nada iba a poder ser peor que aquello. Hambre. Frío. Tristeza. La Guerra Civil. Viajé de Extremadura a Madrid, donde me subí al tren que me llevaría a Alemania. Sí. Allí podría ganarme bien la vida, y les enviaría dinero a mi familia todos los meses.

Alemania resultó no ser tan paradisíaca. Vivíamos en barracas situadas en el mismo recinto de la fábrica. Demasiado poco humano.

Fuimos al supermercado a por algo de comer. Ni yo ni ninguno de mis compañeros sabíamos leer alemán. De hecho, a penas podíamos leer, entre todos, alguna cosa en español. Nos guiábamos por los dibujitos de las latas de comida ya preparada. Vimos una lata con dibujos de trozos de carne. Que apetecible resultaba aquello, y era razonablemente barato comparado con los productos de su alrededor. Lo compramos.

Cuando llegamos, ya de noche, a las barracas para dormir, decidimos abrirlo y cenar. Quiero recordar que no sabíamos leer alemán.

Lila Black, 2010.

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