Y otra vez la tenue soledad de unas desgastadas paredes me ampara y me condena. Mi mente intenta pensar, pero el dolor, que me aflige el alma, no me deja…
ERROR. No hay tinta. No hay tinta. No hay tinta.
Joder, claro que hay tinta, la veo con mis propios ojos. Mierda, por dónde iba… Ah, sí. …no me deja respirar, ni mucho menos me da paso a la reflexión sobre estos últimos días de infierno, donde los besos eran llagas, y las caricias, puñetazos. Suerte que el simple hecho de…
ERROR. ERROR. No hay tinta. No hay tinta. No hay tinta.
Menudo coñazo de pluma. ¡Pues claro que hay tinta! Tal vez no la absorba bien. Pero que raro, siempre ha ido perfectamente. A ver qué tal agitándola… Oh, genial. …el simple hecho de trazar letras, palabras, frases, sobre un infinito papel blanco, parece apaciguar los temores de mi alma, y los pesos de mi pobre corazón malherido. Suerte que…
¡¡¡ERROR!!! Qué no hay tinta, coño.
¡Pero bueno!, menuda irregularidad. Tinta sí que hay, eso ya lo sé yo, pero entonces… Quizás lo que esté pasando es que esta pluma ya está vieja, y se ha olvidado de escribir. Sí, debe ser eso.
-Eh, ¡eh!, qué?
Digo que ya estás mayor, cariño, es normal, y te has olvidado de escribir. Cosas de la edad.
–¡Yo no me he olvidado de escribir! Pero ya estoy harta de tener que soportar estos largos ensayos seudo-psicológicos, hermosura.
Cómo te…
-Y deja que te diga otra cosa, ya puestas: a nadie le interesa. A mi tampoco. Intégralo: a nadie le interesa las veces que no te ha contestado tus empalagosos te amo, o las miraditas y toqueteos que le has visto hacerse con tu amiga, la guarra. Insisto, querido:
A NADIE LE INTERESA.
Lila Black, 2012.
